En este juego, los peques levantan una ciudad bloque a bloque, experimentando con volúmenes y alturas, observando colores y tomando pequeñas decisiones que entrenan la planificación, la atención y la capacidad de resolver problemas casi sin darse cuenta.
Y lo mejor es que lo hacen mientras disfrutan de lo que más les gusta: juego libre, imaginación y manos en acción. Después, poco a poco, el juego reglado entra en escena —siguiendo turnos, esperando, cooperando— y esa combinación lo convierte en una experiencia de aprendizaje preciosa.
Risas, concentración, emoción cada vez que el bloque encaja y orgullo al ver la ciudad terminada.
Porque no hay mejor forma de aprender que jugando… y ellos son los arquitectos de su propio mundo.